Con el fin de visualizar de forma sencilla y ordenada los lugares señalados por la ocupación napoleónica de Chiclana hemos realizado un diseño por Rutas que nos permite una visión de conjunto a la vez que intervenciones integradoras sobre los “Bienes de Interés Histórico” (BIH) que la conforman (iglesias, casas…). Cada una de ellas se distinguirán con anagrama propio del evento adjunto a leyenda explicativa y se dotará de bandera de Chiclana para señalarlo si fuese posible. Además de los actos de programación, se propondrán medidas para la conservación y restauración y un adecentamiento del entorno que implique la visualización paisajística de los BIH: alejamiento de gran cartelería publicitaria, acerado, aparcamientos, iluminación, cableado, fachadas ruinosas y mejorables, impacto de señalizaciones y mobiliario urbano…
Todo ello iría acompañado con la publicación de un díptico con el Plano de las Rutas del Bicentenario de 1811, la confección de un Catálogo de Bienes de Interés Histórico de Chiclana durante la Guerra de la Independencia y la posibilidad de establecer al menos una ruta museística guiada.
Éstas serían las rutas de máximo interés:
- Ruta 1 - Centro histórico: La configuran, junto a las otras dos rutas urbanas, los BIH que tuvieron protagonismo durante la ocupación francesa de la propia villa, así como los monumentos y caserío existentes en el trayecto de dicha ruta.
- Ruta 2 - Batalla de Chiclana: Esta ruta comprende los sitios históricos de la Batalla de Chiclana acaecida el 5 de marzo de 1811. Es una ruta de largo recorrido, de la misma longitud que todas las playas de Chiclana, y abarca desde la Loma de la Cabeza del Puerco hasta Sancti-Petri. Actualmente y desde la década de los sesenta del pasado siglo XX, este escenario ha sufrido un importantísimo crecimiento urbanístico, configurando uno de los polos turísticos más renombrados del sur peninsular, dotado de una infraestructura hotelera de calidad y de un puerto deportivo que junto con pinares, playa, acantilados y dunas hacen de él un atrayente y saludable emplazamiento presidido por la silueta del Castillo en el horizonte marino.
Desde luego que esta ruta no podrá ser completada hasta que no se restaure el Poblado de Sancti-Petri y se califiquen sus usos sin descartar los culturales. La Bahía de Cádiz no tiene ningún gran teatro de construcción y capacidad técnica susceptible de ser usado como escenario de ópera o concierto. Con un solo gran edificio de carácter monográfico sería suficiente. Un teatro dedicado a García Gutiérrez en un enclave turístico tan especial es una posibilidad que atraería a mucho público en su programación estival. A su vez, habría que hacer un esfuerzo para conservar parte del caserío del antiguo poblado, la hostelería y el comercio podrían agradecerlo. - Ruta 3 - Subida a Santa Ana: Aposento real y fortificación. Esta ruta nace en la Alameda Lora y sube la calle arbolada de Hormaza. A media altura y a mano izquierda, hallaremos la casa que habitara José I. Presidiendo la calle en lo alto se halla el singular edificio del Balneario de Braque, actualmente con otros usos dado lo exiguo del caudal de aguas sulfurosas que disponen sus pozos. Dos caminos dan acceso a la ermita que corona el cerro. La cumbre dispone de mirador con las mejores vistas de la localidad y, por tanto, de máximo valor paisajístico y militar.
- Ruta 4 - Acceso a Chiclana: Se trata del lugar por el que llegaron los invasores a nuestra localidad el 7 de febrero de 1810 desde Puerto Real y por el que la abandonaron el 25 de agosto de 1812. En ella vamos a encontrar La casa natal del Magistral Cabrera en la actual Plaza de Andalucía y, en primer lugar, los últimos tres olmos históricos de la Alameda Solano. Dejando a un lado la autovía, que era camino enfangado hace 200 años, por tierra firme accedemos, a través de la carretera del Pinar de los Franceses, al sitio de la Batería Colorada. En la misma ruta en dirección a Puerto Real encontraremos un resto monumental del acueducto romano y finalmente la Casa de la Guardia construida con sillares romanos que, aún no existiendo documentación que acredite su relación con la invasión francesa, prolongan la ruta, si se desea, con unos lugares de alta valor arqueológico.
- Ruta 5 - El caño de Sancti Petri: Esta ruta está concebida como marítima y por tanto susceptible de ser realizada por cualquier tipo de embarcación que pueda recorrer el caño hasta las inmediaciones del Puerto de Gallineras o el Puente de Suazo. Era, como ya se ha dicho, la frontera de la España Insular gaditana; y su cauce, más de una noche, se dibujaba más de una noche por el cruce de fuego artillero de ambos ejércitos. El señalamiento de las fortificaciones de las distintas baterías, que aún permanecen en pie del lado de San Fernando, puede hacer más atractivo el paseo por dicha arteria fluvial, eje de ese paisaje bajo e inundable, ocupado de salinas y esteros y de peculiares endemismos botánicos. El paseo por el Parque Natural de la Bahía de Cádiz ganaría así una dimensión histórica hasta ahora poco aprovechada.
Un acuerdo de los puertos, ubicados en el señalado caño, bastaría para que, al menos por una noche, todas las embarcaciones disponibles se desplegaran a lo largo de su cauce y que con bengalas y fuegos de artificio pudiesen señalar y visualizar la frontera natural que frenó al invasor. Las vistas desde el cerro de Santa Ana -descrita por Antoine L. A. Fée- o desde el de San Cristóbal serían espectaculares.
Creemos conveniente señalar la existencia a escasa distancia de Sancti-Petri de la pequeña Isleta que emerge entre las aguas del caño. Es conocido desde mediados del siglo XIX que en ella se asienta un enclave arqueológico digno de ser protegido y valorado y que, como todos los de la zona, abarca desde la prehistoria hasta la época romana. - Ruta 6 - La Ribera del Iro: Dejamos esta ruta con la incógnita de si realmente va a poder ser señalada como tal en estos eventos. La realización de un Plan que consiga hacer de nuevo del río el eje de la ciudad a la vez que se proyecta un parque longitudinal es una idea bienvenida y diríamos que largamente esperada. Sin la integración del río en la ciudad, Chiclana permanecerá extraña y desangelada. ¡Cómo no recordar el Paseo de Colon y la calle Betis sevillana! No pretendemos llegar a tanto, ni se puede, pero, ahora que se ocupa la zona inundable con instalaciones deportivas y aparece un nuevo puente desde la carretera de Medina hasta El Pilar, es ya más que oportuno empezar a valorar lo que hay en su cauce. Hablamos del acotamiento del yacimiento de El Fontanar, del arreglo de la Fuente del Ejido, de la visualización del Cerro del Castillo (sin el cual la historia del urbanismo de Chiclana no se hace comprensible), de los puentes que desearíamos uniformados por algún toque de color que los integre junto con la balaustrada de la Alameda tal como antes estuvo. Recordaremos que en el centro histórico de Chiclana predominaron los olmos, álamos, melias, falsos pimienteros, acacias y plátanos. Aún permanecen en pie algunos en la Plaza Mayor y en la calle Hormaza. Como dijo Frasquita Larrea de los arreglos del General Solano en su momento: “El río, los caminos, los paseos, todo toma una forma nueva”. Eso mismo quisiéramos poder decir tras la celebración de estos bicentenarios: que Chiclana vuelva a adquirir la suficiente armonía como para volver a reconocerse a sí misma. Sin intervenir de forma integradora en la ribera del Iro esto es imposible.