Rehabilitado el Castillo de Sancti-Petri, huelga reconocer el interés que presenta la reurbanización de su poblado cuya fisonomía pide a gritos el indulto del máximo de sus singulares edificaciones.
Pero la asignatura pendiente, indiscutiblemente, es la realización de un proyecto integral para la ribera del Iro que le devuelva el papel vertebrador de nuestro núcleo urbano, perdido tras la riada de 1965. Algo habremos avanzado si se disimula tanto gris de hormigón que ha invadido su cauce con estética de autopista hasta el extremo inimaginable de la recién construida plaza sobre el río. No miento al confesar que vi a dos ancianos que señalaban para él diciendo que “allí van a poner ahora la parada de los taxis”. Integrar es unificar, baste como ejemplo que, si en la Alameda hay ya palmeras de un tipo -y no árboles de sombra como antes- no se planten al lado otro tramo de palmeras de otro
tipo.
Hay que reconocer que el sitio está destrozado: amputada y desfigurada La Escalereta (Plaza de Andalucía), sin puente de piedra, descabalgado el acceso a la Iglesia de San Sebastián y La Fuente más que olvidada. Quién diría que desde el Puente Chico hasta El Fontanar -toda la terraza del Iro- fue un asentamiento romano reconocido durante la Edad Moderna como “Chiclana la vieja”, donde abundaban las cuevas artificiales que no eran sino restos de estructuras arquitectónicas de un enorme complejo alfarero, como sucediera con la cueva de La Barrosa. El desenfreno urbanístico no quiso ni oír hablar de algo obvio: todo eso en La Banda y ¿en El Lugar, en el Cerro del Castillo, en el sitio más prominente, nada hasta 1303? Así fue que la reaparición del yacimiento del punto más mágico de Chiclana, “El Lugar” fundacional, cogió por sorpresa y con el paso cambiado a todos los que quisieron arroparse con una sospechosa ignorancia. El espíritu emprendedor chiclanero nunca debió echarse en brazos de la especulación de forma tan ciega.
La intervención en ese cruce de caminos debe hacerse, por tanto, desde la racionalidad y con espíritu de integración de todos sus elementos. En este caso: Alameda del Piojito, Fuente, Puente Grande, Alameda y Cerro del Castillo. Nunca hemos tenido un puente cubierto, como Florencia, así que es preferible que desaparezca el obstáculo visual que suponen esas grandes paredes blancas prefabricadas y sus techumbres metálicas para que de nuevo se vea desde el Puente Chico la Iglesia de San Sebastián. La Fuente del Ejido debemos recuperarla porque ya es hora de que un símbolo palpable de nuestra ancestra cultura hidrológica salga de olvido. Dos grandes álamos sombreaban dicho espacio hace 200 años. Y ya que hablamos de la cultura del agua apuntamos que en alguna parte, en algún jardín o rotonda, puede reconstruirse la noria típica de nuestras antiguas huertas.
Pero la intervención de más calado, la más singular y respetuosa ha de hacerse rescatando la visibilidad del que fuera el elemento central del conjunto: El Cerro del Castillo. Sagrado por su historia, pero también porque en él reposaron los padres del pueblo en el más antiguo cementerio de la villa. Era “El Lugar”, un espacio romántico por excelencia para la primera romántica española: Frasquita Larrea; no se pierdan cómo lo describe en su correspondencia de 1807 desde Chiclana. Dicho cerro ha de tratarse como un Bien de Interés Histórico-Natural, alejarle edificaciones y gran publicidad. Podríamos arbolar su fondo con cipreses y levantar en el centro del cortado un gran monolito que señale para siempre el sitio arqueológico que lo corona. Chiclana no puede tapar como una vergüenza su lugar fundacional, debe recuperar cuanto le sea posible la hermosa perspectiva que tuvo desde la calle Mendizábal y la Alameda del Piojito. Es vital para recobrar el sentido urbanístico de nuestra localidad señalar su centro, su acrópolis y de momento actuar rediseñando la cerca del Colegio del Castillo sin llegar a un artificial almenamiento, basta con darle un aspecto similar a la de la Huerta Alta. La reproducción de cualquier portada desaparecida de los siglos XVIII-XIX de nuestra localidad, adecentaría y eliminaría el portalónmetálico que preside la calle Convento, eje urbano primitivo de la Chiclana medieval.
Son éstas, reflexiones y propuestas abiertas sobre ese punto crucial urbano y paisajístico en el que convergen tres de las seis “Rutas de Intervención” que por simplicidad expositiva pasamos a enumerar con vistas al Bicentenario de la Batalla de 1811.
- Ruta 1, o del centro histórico durante la ocupación francesa;
- Ruta 2, o del litoral en la Batalla de Chiclana;
- Ruta 3, o de subida a Santa Ana;
- Ruta 4, o de Acceso a Chiclana desde Puerto Real;
- Ruta 5, o del Caño de Sancti-Petri como frontera (marítima);
- y Ruta 6, de la Ribera del Iro.
Tags: Castillo de Sancti Petri, El Lugar, Frasquita Larrea, Puente Chico, Rio Iro
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