La Arqueología y el patrimonio

Los estudios sobre arqueología de Chiclana, que constatan hallazgos datados desde finales del Paleolítico Medio, han ido a la saga, en la mayoría de los casos, de derribos de edificaciones y desmontes para urbanizaciones. Los estudios sistemáticos y de conjunto están aún por llegar. No obstante, se conoce la existencia de profesionales del ramo que desde los años 80 se preocuparon por confeccionar el Mapa Arqueológico del término municipal no siendo tenidos en cuenta por las administraciones que facilitaron el último y desenfrenado crecimiento urbanístico. Han sido numerosísimos los solares -incluso de la zona del Castillo- que no se han excavado. La ocultación de hallazgos para evitar la paralización de las obras en construcción, unido al expolio continuado de los yacimientos por intrusos dotados de equipos técnicos ha mermado de forma considerable e irreparable el conocimiento sobre nuestro pasado. A principios del siglo XX, Romero de Torres, escribió sobre la importancia del yacimiento romano de nuestro Castillo. Curiosamente el hecho fue silenciado y se defendió a capa y espada el origen medieval de nuestra localidad datado en 1303.

Para nada servía que existiese un yacimiento con horno cerámico romano en plena calle La Fuente. Hasta los franceses invasores repararon y hablaban del abandono de la “Chiclana la vieja” ubicada en La Banda, donde constataron la existencia de ruinas romanas. Habida cuenta de que el expolio puede seguir destruyendo nuestros yacimientos. No obstante, destacaremos que ha sido el expolio arqueológico de las aguas de Sancti-Petri el más persistente, sin duda, por la calidad de los objetos sumergidos.

Para ello, será necesario la adquisición del “Mapa o Carta Arqueológica” que permita la realización de un “Plan municipal de Protección del Patrimonio Arqueológico” y la futura revalorización de los yacimientos. Aconsejamos así mismo la creación de un “Premio Anual a la Conservación del Patrimonio Histórico de Chiclana” que incluya intervenciones de recreación de elementos arquitectónicos desaparecidos. La reconstrucción de la fachada de un edificio como el antiguo hotel de La Barrosa en la Plaza Mayor, o la reproducción de las fachadas recién destruidas de dicha plaza o similares (como la Casa del Obispo), habrían supuesto un menor impacto al respetar más armonía con el entorno que el edificio levantado. No obstante jamás se debe permitir que se intervenga en el casco histórico con criterios de “ensanche” propios de finales del siglo XIX y principios del XX. Hoy día se protege la trama urbana histórica, previa a la irrupción del automóvil, precisamente por su singularidad y dimensiones acordes con el ser humano. La forma en que se han pretendido resolver los problemas de tráfico rodado y aparcamiento para nada es ajena a la imagen desangelada que ofrecemos. Es inadmisible, por ejemplo, una boca de aparcamiento subterráneo a los pies de la Iglesia Mayor.

Sería deseable que Chiclana recuperase el patrimonio propio desaparecido; pongamos el ejemplo de la fuente y grupo escultórico de la casa-palacio de los Tenorios -calle García Gutiérrez- que actualmente adornan los jardines de la monumental Lonja de Sevilla junto a la Catedral y los Reales Alcázares. Su reproducción hoy sería posible y no más cara que cualquiera de las nuevas estatuas urbanas que se han instalado.

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