Libro Blanco de los Bicentenarios de la Batalla de Chiclana y del nacimiento de Antonio García Gutiérrez por Juan J. Rodríguez Ballesteros (Ayuntamiento de Chiclana) Agosto 2008. Si quieres descargarte este documento, puedes hacerlo en la página oficial del Ayuntamiento.
Hace 200 años, tras la Revolución Francesa, comenzó nuestra convulsa Edad Contemporánea. Dos siglos marcados por dos guerras: la de la Independencia (1808-1813) y la Guerra Civil (1936-1939). Fueron la primera y última guerra romántica. Ambas en el fondo civiles, con intervención extranjera, revolución y anticlericalismo. Ambas, seguidas también de dos dictaduras de sangrienta represión política que contó con la complicidad, aún hoy inconfesable, de señaladas personas e instituciones.
Doscientos años hace que se derrumbó el Imperio Hispánico: Trafalgar, en 1805, fue la toma de conciencia. Chiclana, siempre junto a ese Cádiz que ya nunca volvió a brillar, vivió en primera persona los acontecimientos. No es fortuito, por tanto, que se diera, en La Barrosa, la Batalla de Chiclana en 1811; y tampoco que aquí naciera, en 1813, el autor
de El Trovador: Antonio García Gutierrez.
Dos bicentenarios que vienen juntos y que es preferible trabajar no en paralelo sino como un todo. Tenemos el escenario, la oportunidad de que Chiclana resuelva los débitos con su rico patrimonio histórico y cultural, cierre heridas y gane en armonía: ciudad turística, pero también trimilenaria y con solera romántica.
Y ¿por qué un Libro Blanco? Porque lo que presentamos es una apuesta abierta, un marco y un punto de partida que pretende aglutinar cuantas actuaciones institucionales y particulares logremos entre todos poner en marcha con el solo objetivo de actualizar y sacarle partido al “quiénes somos” y “adónde queremos llegar”. Esa es la finalidad de este Libro Blanco: partiendo de los conocimientos que tenemos de la Chiclana del pasado, y en contraste con la situación presente de nuestra ciudad, intentaremos, entre todos, concebir un modelo armónico
para nuestra ciudad.
Nuestra identidad va a quedar claramente dibujada si logramos, paradójicamente, sobrepasar lo meramente conmemorativo y empezamos a dotarnos de un discurso museológico para el propio casco histórico de nuestra ciudad. Una cosa resulta evidente: nuestro patrimonio natural y cultural va a tener una ocasión de oro para exhibirse como un todo armónico, y eso para una ciudad turística no es sino sinónimo de futuro.