A pesar de que el corazón del general Senarmont fue expuesto en la capilla de la ermita tras su muerte en el frente, el lugar resultó notablemente alterado durante la ocupación francesa; al ser fortificado se derribó su pórtico. Tanto el edificio como el entorno se hallan en buen estado si exceptuamos la zona verde posterior a la ermita, susceptible de reordenación, previo acuerdo con la propiedad, con cierta posibilidad de instalación de un jardín o escenario al aire libre.

Ermita Santa Ana
Una intervención de interés podría ser la reconstrucción de al menos una de las antiguas portadas de acceso a la ermita, especialmente la ubicada frente al Parque y la plaza de las Trece Rosas. El ajardinamiento del monte podría realizarse siguiendo la información botánica aportada por Frasquita Larrea: arrayanes, lentiscos, carrascas y algarrobos, en línea con un “Plan de Ajardinamiento Autóctono” dedicado a nuestro botánico el Magistral Cabrera.
Si se viera conveniente, la romería de Santa Ana de 2010 podría tener en alguna medida un matiz de desagravio por la profanación del templo ocurrida durante la invasión napoleónica.
Un estudio de impacto paisajístico convendría antes de llevar adelante el proyecto de instalar una escalera mecánica que facilite el ascenso al cerro.